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T ras haber llegado el 15 de marzo de 1493 al Puerto de Palos, el Almirante tenía previsto ir por mar a Barcelona para rendir cuenta de su primer viaje a los Reyes, pero mudó de propósito y lo realizó unos días después desde Sevilla.
Los Reyes Católicos, después de haber recibido encantados la buena nueva del descubrimiento, desde Barcelona, donde se encontraban a la sazón, escribieron una carta a Colón el 30 de marzo tratándolo como “Don Cristóbal Colón, nuestro Almirante del Mar Océano, e Visorey y Gobernador de las islas que se han descubierto en las Indias” : al mismo tiempo se expresan con una sensación de prisa que iba a estar presente en toda la correspondencia con él durante varios meses: “y porque queremos que lo que habeis comenzado con el ayuda de Dios se continúe y lleve adelante, y deseamos que vuestra venida fuese luego: por ende, por servicio nuestro, que desde la mayor prisa que pudieredes en vuestra venida, porque con tiempo se provea todo lo que es menester, y porque como vedes, el verano es entrado, y no se pase el tiempo para la ida allá, ved si algo se puede aderezar en Sevilla o en otras partes para vuestra tornada a la tierra que habeis hallado: y escribidnos luego con ese correo que ha de volver presto porque luego se provea como se haga, en tanto que acá vos venís y tornais: de manera que cuando volvieredes de acá, esté todo aparejado” .
Después de una breve estancia en Sevilla, que dedicó a la preparación de su segundo viaje, el Almirante y Virrey de las Indias se puso en camino hacia Barcelona. Llevaba consigo seis indios portadores de jaulas con papagayos multicolores, extraños objetos traídos de Indias, así como algunas muestras de oro.
En el ínterin, y según cuenta Las Casas: “Tomó comienzo la fama a volar por Castilla, que se habían descubierto tierras que se llamaban las Indias, y gentes tantas y tan diversas, y cosas novísimas, y que por tal camino venía él que las descubrió, y traía consigo de aquella gente; no solamente de los pueblos por donde pasaba salía el mundo a lo ver, pero muchos de los pueblos, del camino por donde venía, remotos, se vaciaban, y se hinchian los caminos por irlo a ver, y adelantarse a los pueblos a recibirlo”.
A finales de abril, Cristóbal Colón fue recibido por los Reyes. La Reina en aquella fecha apenas había recuperado los ánimos habiendo visto a don Fernando luchar con la muerte a consecuencia del atentado de que había sido víctima el viernes 7 de diciembre.
El Rey y la Reina recibieron al Almirante Mayor rodeados de toda la Corte, encabezada por el Príncipe Juan.
Los Reyes asombraron a sus cortesanos otorgándole dos honores singulares, hasta entonces reservados a los más grandes de entre los grandes: se levantaron para recibirle y cuando les hubo besado las manos le ofrecieron un escabel.
En cuanto al discurso que pronunció ante los Reyes, cuenta Las Casas que el relato del Almirante impresionó de tal modo a los Reyes, que cayeron de rodillas con lágrimas en los ojos y los cantores de la capilla de la reina “cantan Te Deum laudamus y responden los menestriles altos, por manera que parecía que en aquella hora se abrían y manifestaban y comunicaban con los celestiales deleites”. Por orden de sus Altezas, la Corte entera acompañó al Almirante a su posada aquella noche. Los Reyes estaban en verdad hondamente impresionados. Siguieron lloviendo mercedes reales sobre la gloriosa testa del Almirante Mayor. El Rey le hizo cabalgar a su lado, con el Príncipe don Juan al otro, privilegio hasta entonces reservado a la sangre Real”.
Tras haber sido recibido por los Reyes y mientras estaba en la Ciudad Condal, el Almirante estuvo presente en varias fiestas. Cuenta Las Casas que Colón fue invitado a una comida por el Gran Cardenal de España don Pedro González de Mendoza, hermano del Duque del Infantado, el cual “le llevó un día saliendo de Palacio a comer consigo, y sentole a la mesa en el lugar más prominente y más propincuo a sí, e mandó que le sirviesen el manjar cubierto e le hicieren salva; y aquella fué la primera vez que al dicho Almirante se le hizo salva, y le sirvieron cubierto como a señor, y desde allí adelante se sirvió con la solemnidad y fausto que requería su digno título de almirante”.
El 23 de mayo los Reyes le hacen merced de mil doblas de oro; el 26 se le otorga el derecho de alojarse con cinco de sus criados dondequiera que fuere, pagando sólo su comida a los precios corrientes; el 28 los Reyes le confirman solemnemente sus títulos, honores y privilegios definidos en las Capitulaciones de Santa Fe; el mismo día se le dan cartas reales nombrándole Capitán General de la segunda flota de las Indias y autorizándole para nombrar a las personas por él escogidas para el gobierno de las Indias, mientras se adoptaban las medidas para organizar el sistema a tal fín establecido en las capitulaciones.
Del 28 de mayo de 1493, existen tres documentos de incalculable valor histórico, insertados en el Libro de los Privilegios del Almirante don Cristóbal Colón , publicado por la Real Academia de la Historia, en Madrid (1951), en los cuáles se llama al Almirante “don Christoval Colom” hecho que prueba que su verdadero apellido era COLOM y no COLOMBO.
El primero de ellos es la Carta patente dada en Barcelona a 28 de mayo de 1493, en la que se manda a los capitanes, maestres, etc. de naos y carabelas que obedezcan a Colom como Capitán General, Almirante, Virrey y gobernador.
El segundo es la Real Cédula fechada en Barcelona a 28 de mayo de 1493, autorizando al Almirante para nombrar persona que en su ausencia pueda expedir cartas y provisiones en nombre y con sello de los Reyes.
Y el tercero es la Provisión fechada en Barcelona el mismo día que el documento anterior, dando facultad a Colom para que provea los oficios de gobernación de las Indias en personas de su elección. Sigue en una cláusula final el testimonio de traslado, que firma en Santo Domingo el escribano Diego de Alvarado.
Las noticia del descubrimiento de un Nuevo Mundo se extendió por todas partes, no solamente en España y Portugal, que eran los países directamente interesados, sino por toda Europa.
El primer vocero de tan estupendas nuevas fue el propio Almirante quien de regreso del primer viaje preparó varias cartas de las que conocemos dos: la enviada a Luis de Santángel y la dirigida a Gabriel Sánchez, tesorero de Aragón. Ambas son practicamente iguales: Harrisse opina que la primitiva es la enviada a Gabriel Sánchez y que la de Santángel es un duplicado. Pero el texto impreso que se hizo famoso es, según consta al final, el dirigido a Santángel, el “escribano de ración”.
De la carta a Santángel se hizo una primera impresión ya el 29 de abril de 1493, en Barcelona, en los talleres de Pedro Posa; de ella el único ejemplar conocido está en la New York Public Library. Hubo luego una serie de ediciones extranjeras, de las que se habla a continuación.
De la Carta de Colón anunciando el Descubrimiento del Nuevo Mundo se conocen diecisiete ediciones. En muchas de ellas al igual que la anteriormente citada figura registrado el apellido Colom . Entre ellas cabe citar tres ediciones hechas en latín en Roma:
I (Roma, Stephanus Plannck, mayo 1493) Epistola Christofori Colom... En 4.º, 8 páginas. Consta sólo el nombre del rey Fernando.
II (Roma, Stephanus Plannck, 1493) Epistola Christofori Colom... en 4.º, 8 páginas. Segunda edición, con los nombres de los reyes Fernando e Isabel.
III (Roma, Eucharius Argenteus, 1493) Epistola Christofori Colom... En 8.º, 6 páginas.
IV (Amberes, Thierry Martens, 1493) Epistola Christophori Colom... En 4.º, 8 páginas.
V (Basilea, Jacob Wolff de Pforzheim o Michel Fuerter y Johan Bergmann) De insulis inventis. Epistola Cristoferi Colom... En 8.º, 16 páginas, más las cubiertas. Con grabados.
VI (Basilea, Johan Bergmann de Olpe, 1494) De insulis nuper in mari Indico repertis. De insulis nuper inventis. Epistola Christoferi Colom... Inserta entre los folios 29-36 de la obra de Carolus Verardus. “In Laudem Serenessimi Ferdinandi Hispaniarum regis...” Con grabados.
VII (París, Guyot Marchant, 1493) Epístola de insulis de novo repertis . En 4.º, 8 páginas.
VIII (París, Guyot Marchant, 1493) Epistola de insulis noviter repertis. En 4.º, 8 páginas.
Como hemos podido ver en 1493, en Italia, el Almirante era Colom y no Colombo .
El divulgador más famoso del Descubrimiento fue Pedro Mártyr de Angleria, el prolífico escritor italiano confidente de los Reyes y de la grandeza de España, cuyas cartas dirigidas a personas de alto rango en España e Italia canalizaban y difundían noticias y opiniones al modo como hoy lo hace la prensa.
Pedro Mártyr consigna el descubrimiento de las Indias en una carta dirigida a Borromeo fechada en Barcelona el 14 de mayo de 1493, cuyos términos se han hecho famosos: “Algunos días después, un tal Cristóbal Colón retornó a las Antípodas Occidentales; es un ligur que, enviado por mis Reyes, con sólo tres barcos penetró en aquella provincia reputada por fabulosa, volviendo con pruebas palpables, muchas cosas preciosas y en particular oro que aquellas regiones engendran de suyo”.
En un fragmento de la escrita por Pedro Mártyr a Borromeo, anunciando el descubrimiento de las Indias, según descripción de Thacher podemos leer: "Post pauces inde dies rediit ab antípodus occiduis Christophorus quidam Colonus vir ligur, qui a meis Regibus ad hanc prouintiam tria vix impertrauerat nauigia, quía fabulosa que dicebat arbitrabuntur, rediit, preciosarum multarum rerum, sed auri precipue que suapte nature, regiones ille generant, argumenta tulit” .
Se observará que Pedro Mártyr escribe en latín, Colonus y no Colombus ni Colombo.
Aquí nos encontramos muy posiblemente con la primera fantasía documentada (pista falsa) que se inventó después del Descubrimiento y que oscurece el verdadero origen del Almirante. Sin embargo los acontecimientos acaecidos entre el mes de abril y mayo de 1493, nos demuestran claramente varias cosas:
a) Que el Almirante era de orígen noble como muy bien lo acreditan las atenciones y concesiones tributadas a su persona, tanto por los Reyes como por otras personalidades. Un origen plebeyo las haría incompatibles.
b) Que su verdadero nombre era “Colom”, pues así se encuentra registrado en las dos cartas que él escribió y que iban dirigidas a Luis de Santángel y a Gabriel Sánchez, sus amigos, ante los cuales no iba a consignar ni otro nombre ni otra grafía que la propia.
c) El celo por ocultar su verdadero origen, pues así lo prueba la carta escrita por Pedro Mártyr a Borromeo, fechada en Barcelona a 14 de mayo de 1493.
Como ya sabemos, tanto los Reyes Católicos, como el propio Colón nunca mencionaron su origen, por razones que no hemos dudado en calificar “de estado”. En razón de ellas, y una vez que el Descubrimiento se había consumado, lógico resulta pensar que entre los cortesanos y en presencia de Pedro Mártyr se comentó en alguna ocasión sobre el supuesto origen ligur del Almirante.
Éstas pueden ser muy bien las razones que llevaron al escritor italiano a considerar a Cristóbal Colón un ligur, y es de suponer que todas estas cartas escritas por Pedro Mártyr en las que califica a Colón como ligur han sido la base de la teoría del Colón genovés.
Durante su estancia en Barcelona algunos indios de los que había traído fueron bautizados en la catedral, siendo padrinos los Monarcas y su hijo, el malogrado Príncipe Juan. Testimonios muy dignos de respeto aseguran que Colón donó a la catedral barcelonesa las primicias de oro americano, que, convertido en un cáliz, se conservaba todavía a principios del siglo XIX.
Tras el regreso de Colón, el Rey de Portugal vino a considerar el Descubrimiento como una violación de los acuerdos entre ambas Coronas sobre sus zonas de influencia. Este hecho le movió a enviar una embajada a la Corte española. La primera delegación portuguesa en ese sentido salió hacia la corte castellana el 5 de abril e iba presidida por Ruy de Sande. Llevaba el inicial punto de vista lusitano, según el cual los espacios atlánticos debían ser partidos mediante una línea horizontal por la latitud de Canarias, quedando el Sur para Portugal y para Castilla la zona Norte. La idea de partición por un paralelo hacía referencia a lo pactado en el capítulo ocho del tratado de Alcaçovas, que había sido confirmado después por la bula Aeterni Regis (1481). Es decir, esa idea del paralelo era la interpretación polémica lusitana de la frase “para abajo contra Guinea”.
Aún antes de que llegara ese primer emisario, los Reyes Católicos despachan desde Barcelona el 22 de abril a Lope de Herrera, con la misión de comunicar oficialmente a Don Juan II el Descubrimiento y pedirle que prohibiese a sus súbditos navegar hacia aquellas partes, porque el Almirante castellano había ya tomado posesión de ellas. Don Fernando y doña Isabel se atenían tácitamente a la tesis de que la zona de Portugal era sólo desde el paralelo canario hacia abajo “contra Guinea”. Es decir los Reyes Católicos comenzaron por sostener que Portugal tenía acotado solamente el camino de la costa de Africa, las aguas al Sur de Canarias y “contra Guinea”. Todo lo demás podía ser castellano, o cuando menos nullius, y entonces entraba en juego la recién hecha toma de posesión, mediante la cual todas las tierras occidentales del Océano quedaban como pertenencia de Castilla.
Tal interpretación llevó a los Reyes Católicos a reforzar sus tesis mediante un respaldo de la autoridad papal, cosa que llevó a cabo don Fernando a principios de abril, tan pronto como tuvo las primeras noticias de Colón y de la entrevista con don Juan II.
El 3 de mayo de 1493, el Papa Alejandro VI promulgó una bula, la Inter coetera , concediendo a los Reyes Católicos las Indias descubiertas o que se descubriesen así como había concedido al Rey de Portugal las tierras descubiertas en la costa africana. El original se conserva en el Archivo de Indias de Sevilla.
El día 4 de mayo otra bula, la Inter coetera , reproduce la primera del mismo nombre y divide el mundo por descubrir entre la Corona española y la de Portugal, trazando una línea de Polo a Polo a cien leguas al Oeste de las Azores y Cabo Verde, sin precisarse que tal línea fuese “derecha”, si bien al decir que tal línea debía ir “desde el Polo Artico al Polo Antártico”, va implícito que se la pensaba como un meridiano. El original de esta bula está también en el Archivo de Indias.
La expedición de estos documentos representaba para la Corona de España un gran éxito diplomático. Antes de proseguir con este tema, considero conveniente hacer constar que el Papa Alejandro VI nació en Játiva, provincia de Valencia, tierras que pertenecían a la Corona de Aragón, donde reinaba don Fernando. Su nombre era Rodrigo Borgia. El ser sobrino de Calixto III le propició su rápida carrera. A los 24 años ya era Cardenal y a los 61, en 1492, fue nombrado Papa. Como puede observarse, al tiempo del descubrimiento del Nuevo Mundo, el Sumo Pontífice era español.
Volviendo al hilo de nuestra historia, sabido es que el reparto del Océano no resultó del agrado de don Juan II de Portugal, muy agraviado se mostró -al decir de Zurita- por la nueva situación que las bulas creaban, ya que incluso el espacio señalado en el Atlántico de cien leguas al Oeste de las Azores y Cabo Verde, que es lo que marcaba la segunda Inter coetera , era demasiado angosto para los barcos portugueses que navegasen en aquellas partes en busca de nuevas tierras o en el retorno de los viajes a Guinea.
Las divergencias creadas por las bulas entre la Corona de Portugal y la de Castilla duraron aproximadamente un año. Pero finalmente don Juan llegó a un acuerdo con doña Isabel y don Fernando.
Este pacto, también conocido como Tratado de Tordesillas , concertaba que el Rey de Castilla tenía que ceder a Portugal unas leguas más de mar hacia el Oeste que las fijadas por la bula. La nueva partición del Océano se fijó no a 100 sino a 370 leguas al Oeste de las islas de Cabo Verde, sin hacer referencia a las Azores como había hecho la bula. La línea de demarcación o meridiano de Tordesillas quedó situada a 46º 37'. El hemisferio occidental queda para Castilla y el oriental para Portugal.
En este tratado también quedó establecido que las naves de Castilla podían atravesar sin detenerse la zona portuguesa, que era camino obligado para ellas. Se firmó en la localidad castellana de Tordesillas “que había sido Corte de don Alfonso XI y sería luego retiro de Doña Juana la Loca”, el 7 de junio de 1494. Una fecha señalada que es preciso recordar con exactitud. Los firmantes materiales fueron: por parte portuguesa, Ruy y Juan de Sousa y Aires de Almada y por parte castellana el Mayordomo Mayor don Enrique Enríquez, el Comendador Mayor de León don Gutierre de Cárdenas y el Doctor Rodrigo Maldonado.
Gabriel Verd
Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colón
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